Sobre este juego

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olvide olavide

Sobre este juego

El mercado de Olavide, en Madrid, se construyó en 1934 y se dinamitó en 1974. Fue obra del arquitecto municipal Francisco Javier Ferrero que, bajo el lenguaje vanguardista del racionalismo, levantó este edificio octogonal como parte del esfuerzo del gobierno republicano por dotar a la ciudad de infraestructuras públicas básicas para sus clases populares. El último alcalde franquista, el también arquitecto Miguel Ángel García-Lomas, a la sazón camisa vieja falangista, tomó la polémica decisión de demolerlo a través de una voladura controlada, que tuvo lugar a las 13:53 del día 2 de noviembre de 1974.

Además de las motivaciones «oficiales» que se adujeron para la destrucción del edificio (su supuesta vejez e inutilidad) y «extraoficiales» (ciertos intereses económicos espurios), el periodista Moncho Alpuente, en un artículo en El País de 1994, señaló una más: la venganza. El alcalde García-Lomas se había formado en la misma Escuela de Arquitectura en la que era profesor Francisco Javier Ferrero y toda esa generación de arquitectos de la República. Más allá de algún chascarrillo sobre ciertos exámenes suspendidos, el mercado era un recordatorio evidente de un Madrid que alguna vez intentó ser distinto; un correctivo que desbordaba el plano de la inquina personal.

Para el fascista, la forma de la ciudad es una forma de castigo. El urbanismo se plantea como el resultado de una depuración -en todo momento violenta- o como la excusa ideal para ella. Fruto de una escaramuza y escenario para escaramuzas futuras, la plaza donde antaño se levantaba el mercado quedó como un inmenso cráter vacío, redondo y limpio; una herida bajo la que se construyó un parking privado. Muy cerca de allí, en la calle Mejía Lequerica, 8, estuvo entre 1979 y 1984 la sede de Fuerza Nueva, el partido neofascista de Blas Piñar. Su desembarco en el centro de un barrio que alguna fue popular seguía la estrategia explícita de “higienizar”, “disciplinar” y “controlar la zona” a través de tácticas de escuadrismo, limpieza étnica y violencia organizada, especialmente dirigidas contra personas migrantes, sin hogar y consumidoras de droga, que además coincidían con un proceso generalizado de aburguesamiento, transformación productiva y sustitución poblacional en el centro de Madrid. Desde esta coincidencia histórica entre fascismo y burguesía, la transformación de la sede de Fuerza Nueva en un hotel boutique de cinco estrellas no resulta sorprendente: la violencia adquiere nuevas formas, pero su profundidad y severidad se mantienen.

Por supuesto, todo proceso de “limpieza” lleva una larga cola de crueldad, y la plaza que hoy disfrutamos existe gracias a sendos crímenes. Tras la llegada de Fuerza Nueva, el nuevo Olavide se convirtió en el “centro espiritual” de una serie de fuerzas fascistas que, por medio de actos de terrorismo, “adecentaron” esta zona de la ciudad hasta darle su aspecto presente. El Frente de la Juventud fue quizás la más relevante, inaugurando una larga tradición criminal que, sin interrupciones, continúa en la actualidad con la presencia en 2019 de la sede de VOX en la calle Nicasio Gallego, 9, o con las múltiples residencias que atesora Isabel Díaz Ayuso en el entorno inmediato. El fundador de esta organización terrorista neonazi conformada por militares, abogados y empresarios de los barrios de Chamberí y Salamanca fue José de las Heras Hurtado, abogado y colaborador policial, y secretario general de Fuerza Nueva hasta 1978. El Frente de la Juventud fue responsable de cometer una veintena de atentados, atracos y asesinatos, con un saldo de al menos cuatro muertos, entre 1979 y 1981. Secuestraron, torturaron o liquidaron a personas migrantes y sin hogar; quemaron librerías, atacaron sedes de sindicatos y de asociaciones de derechos humanos y enviaron cartas-bomba a distintos periódicos.

En el entorno inmediato de Olavide y en orden cronológico, la banda liderada por De las Heras fue la responsable del atentado contra la sede del Boletín Oficial del Estado en la calle Trafalgar (8 de abril de 1978); del asesinato de Carlos Javier Idígoras Navarrete, un joven de 22 años que celebraba haber aprobado unas oposiciones de RENFE, y que fue interpretado como “rojo drogadicto” por llevar el pelo largo y andar ebrio, del cual se halló su cuerpo en un solar de la calle Cardenal Cisneros (7 de junio de 1981); del de Luis Arribas Santamaría (5 de julio de 1981), un mendigo asesinado de un tiro a quemarropa mientras dormía entre las calles Palafox y Albuquerque; y del atentado con bomba en las fiestas del Carmen (18 de julio de 1981), en la plaza de Olavide, que acabó con 5 personas heridas de gravedad, incluida Pilar Emeterio Martínez, de 16 años, que acababa de ganar el concurso de disfraces. Al contrario que en otros casos de terrorismo, ninguna placa ni memorial recuerda hoy a estas víctimas.

Un artículo del 23 de febrero de 1981 de Cambio 16 llamó a aquella época, que hoy se nos invita a olvidar, «El terror azul». La mayoría de los miembros del Frente de la Juventud o de Fuerza Nueva no tuvieron que rendir cuentas ante la justicia o, de hacerlo, les fueron conmutadas las penas. Muchos huyeron a Latinoamérica, como José de las Heras, que en mitad de su proceso judicial por sendos asesinatos y atentados se escapó a Brasil en 1984, donde seguía viviendo plácidamente en 2016. Otros tantos son hoy agentes de la Guardia Civil o policías; promotores inmobiliarios, reputados empresarios, columnistas u hosteleros, igual de preocupados como entonces por la limpieza y el orden de su ciudad, una ciudad hecha para el daño. Los golpes se siguen sucediendo, incluso si son sutiles. Azul era también el humo polvoriento de la detonación del mercado, que se posó por toda la ciudad la mañana del 2 de noviembre de 1974, y que de alguna manera sigue impregnando hoy los hoteles, los párquines y las terrazas, por mucho que barran, y barren y barren.

La detonación

Toca un fotograma para seleccionarlo y toca otro para colocarlo. Ordena cronológicamente la secuencia de doce fotogramas, de tal manera que se reproduzca en bucle la detonación del 2 de noviembre de 1974

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